La suprema corte de los grandes inocentes de Pedro Pont Vergés


El Poder Judicial de Córdoba posee una importante colección de obras de arte (esculturas en mármol y en bronce, detalles ornamentales arquitectónicos y pinturas de distintos autores y épocas), adecuadamente relevados en su libro “Catálogo patrimonial”. Muchas de ellas son verdaderas declaraciones implícitas de principios de lo que debe ser y en defensa de quién debe actuar la Justicia.
Al ingreso, a ambos lados del vestíbulo principal, resaltan los bustos de dos de las figuras más importantes del derecho argentino: el cordobés Dalmacio Vélez Sarsfield (cuyos restos descansan en un mausoleo en el mismo palacio inaugurado en 1936) y el tucumano Juan Bautista Alberdi. En el primer piso hay imponentes esculturas alegóricas realizadas por el italiano Troiano Troiani sobre el ansia de libertad, la conciliación, la jurisprudencia y la verdad.

Los distintos despachos lucen cuadros relacionados especialmente con la actividad judicial, pero es en el salón de audiencias del Tribunal Superior donde resaltan dos de las pinturas más importantes: “La Justicia”, de Francisco Vidal (realizada en 1936, con un marcado perfil clásico), y “La suprema corte de los grandes inocentes”, de Pedro Pont Vergés, concretada en 1988. Según el autor, la imagen no reúne a jueces, sino a víctimas de la humanidad que miran fijamente al espectador sin acusar ni solicitar venganza, sino pidiendo que alguna vez se revierta la situación.
 
“Sus personajes son Vincent Van Gogh, víctima de la pintura;  el niño de Vallecas, víctima de la burla y del escarnio popular; la mujer, víctima de los hombres y de sí misma; Buster Keaton, víctima de la avaricia de los grandes capitales del cine americano; el niño con los brazos en alto, que se destaca entre la multitud de evacuados del guetto de Varsovia hacia los campos de concentración y experimentación para exterminar al hombre ‘no puro racialmente’; John Lennon, cuyo sueño fue la paz, víctima de su popularidad artística y de un asesino demencial que lo eliminó para dar vida a sí mismo asumiento su personalidad; Martin Luther King, cuyo sueño también fue la paz en la convivencia de blancos y negros, víctima de la intolerancia y de la discriminación racial; y el NN (ningún nombre), víctima de la desaparición bajo cualquier régimen totalitario; el enfermo mental, víctima del olvido familiar y social, internado de por vida en los hospitales psiquiátricos”, afirmó el artista fallecido en 2003, en un texto con su firma en el “Catálogo”.

La presencia de líneas estilísticas contemporáneas se evidencia además en el acrílico “La Justicia”, de Tito Miravet (aborda también el tema de la protección a los más débiles en una sociedad) y en otros trabajos que se reproducen abajo, mientras que la opción clásica está además con “Caín y Abel”, del valenciano Ernesto Valls (de 1936), que domina el salón auditorium del Centro de Perfeccionamiento Ricardo Núñez.

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